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Fernando
J. Rodríguez |
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| Vicepresidente
de la Gerencia Municipal de Urbanismo |
| Los
pilares de La Isla |
| La ciudad
de San Fernando se enfrenta a un instante crucial dentro de su proceso
de proyección urbanística. El plan general vigente,
casi agotado, y la redacción del nuevo abren las puertas del
nuevo siglo y sientan las bases de la ciudad del futuro. La gestión
urbanística que se está desarrollando en esta legislatura
tiene una trascendencia absoluta ya que se están construyendo
los pilares de la ciudad del 2010. Los criterios técnicos que
se apliquen en la redacción del plan general y la estrategia
de crecimiento que se diseñe para las escasas bolsas de suelo
existentes en el término municipal serán, sin duda,
algunas de las columnas sobre las que se sustente un nuevo modelo
de ciudad. Un modelo que pretende convertir San Fernando en un espacio
funcional dotado de las mejores infraestructuras donde se conjuguen
los valores patrimoniales con la modernidad de los equipamientos y
la calidad residencial. |
| La
apuesta hecha desde el Ayuntamiento de San Fernando para intervenir
en el mercado libre de suelo es una garantía de control urbanístico.
La adquisición por parte de la administración municipal
de parte de los terrenos de FSC y del Sector I "Casería
Norte" coloca al sector público en situación de
ventaja para controlar y dirigir el desarrollo de zonas cruciales
en la estrategia global de desarrollo que estamos diseñando
para nuestra ciudad. |
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La
Gerencia Municipal de Urbanismo y la Empresa Municipal de Suelo
están impulsando y dinamizando el sector de la construcción
con iniciativas de capital mixto y con una gestión ágil
y eficaz de los procesos dirigidos a la urbanización del
suelo. La velocidad y profesionalidad de la gestión municipal
se está traduciendo en marca de calidad y constituye ya una
garantía dentro del sector. Todo ello se traduce en confianza
de cara a la inversión, se genera mayor actividad económica
y mejores expectativas de crecimiento.
La ciudad de San Fernando está creciendo en gestión.
Estamos abordando la toma de decisiones con criterios netamente
profesionales y estamos desarrollando una valiente acción
de gobierno en cuestiones de absoluta relevancia para nuestro futuro.
El equipo andalucista de gobierno suple con imaginación los
limitados recursos disponibles y trabaja para equipar a la ciudad
con las infraestructuras que merece. Brilla por su ausencia cualquier
aportación desde la oposición local, inmersa siempre
en una espiral estéril y destructiva que lesiona incluso
los intereses generales de todos los isleños.
La Isla merece un esfuerzo más participativo y un compromiso
global de todos los sectores, para coordinar la dinamización
de la actividad comercial, para favorecer el crecimiento del tejido
empresarial, para generar nuevos motores económicos, para
captar la inversión, para mejorar la competitividad de nuestros
escasos sectores productivos, para potenciar la oferta de suelo
industrial y los equipamientos turísticos. El debate en torno
al futuro de nuestra Isla corresponde a todos los isleños
y el objetivo es común al conjunto de la ciudadanía.
Nuestro compromiso desde la Gerencia de Urbanismo es la construcción
de los cimientos de una isla mejor para todos y hacia ese objetivo
dirigimos nuestra gestión invitando a todos los sectores
sociales a participar en la gesta de este proyecto.
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Manuel
Gonzalez Fustegueras |
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| Arquitecto
redactor del plan general de ordenacion urbana |
| El
centro histórico y el PGOU |
| Pocas
intervenciones urbanísticas se reclaman con tanta insistencia por
la ciudadanía como la rehabilitación y revitalización de los centros
históricos. Y mucho más en un entorno urbano como el que constituyen
las ciudades de Andalucia, líderes en Europa -si puede hablarse así-
en el valor de sus cascos históricos: Granada, Córdoba, Sevilla, Cádiz,
Úbeda, Baeza... y, por supuesto, San Fernando. Este hecho forma parte
del inconsciente colectivo de la Ciudad y explica, en una gran parte,
la insistencia de la demanda ciudadana porque se recupere el esplendor
que el corazón de la Ciudad ha tenido en su historia. La oportunidad
que ofrece a la Ciudad la revisión de su Plan General para llevar
a cabo una reflexión sobre las posibilidades reales de esta iniciativa,
difícilmente va a volver a repetirse en los próximos años. Al hilo
de esta consideración debemos referirnos, en primer lugar a la vigencia
o interpretación de los propios conceptos de patrimonio y de centro
histórico. |
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Entiendo
que el concepto de patrimonio no debe referirse principalmente a
elementos aislados de mayor a menor relevancia, sino que debe aplicarse
al conjunto plural de bienes diversos cuyo carácter de valioso procede
de la estima que, como parte, de la cultura local, le otorgan los
ciudadanos. Por tanto, el principio esencial que, a mi modo de ver,
debe caracterizar a todo elemento patrimonial se resume en su carácter
de seña de identidad.
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Es
decir, el valor de un elemento vendrá determinado por ser un
bien único e irrepetible, o por formar parte de una secuencia
tipológica, entendida ésta como un fragmento significativo
del proceso de construcción histórica de la Ciudad.
Se trata, en consecuencia, de entender el patrimonio como un producto
social constituido por el conjunto de bienes singulares cuyo disfrute
reclama par sí una comunidad determinada; el patrimonio debe
ser considerado, por tanto, no como un bien de consumo porque está
fuera del mercado, sino como salario indirecto, como un medio y un
instrumento para mejorar la calidad de vida social. En definitiva,
el patrimonio lo es en la medida en que es posible participar colectivamente
del mismo.
Otra cuestión que también considero que debe ser matizada
es la propia expresión centro histórico. Histórica
es una característica que atañe a toda la Ciudad y no
sólo al centro pues su propia evolución produce un mosaico
urbano del que resulta muy difícil expulsar determinadas realizaciones
que supone la división de la realidad, siempre múltiple
y diversa, en dos mundos antagónicos que ni la evolución
histórica ni el propio concepto de patrimonio histórico
pueden avalar.
Y del mismo modo, San Fernando, como hecho histórico, debe
ser interpretada como una estructura compleja y dialéctica
sobre la que no valen ni las divisiones parciales ni las estáticas.
La segunda reflexión se refiere al hecho mismo de la conservación;
y, en primer lugar, ¿es posible la conservación, sin
más?
Habría que decir, antes que nada, que la conservación
de determinadas estructuras físicas va unida indefectiblemente
a la viabilidad de los tejidos socioeconómicos que les dan
vida. De ahí que sólo desde la perspectiva que aporta
un Plan General se pueda entender la Ciudad en su conjunto y, dentro
de ella, los aspectos patrimoniales que deban ser protegidos e, incluso,
el modo más idóneo de ponerlos en valor.
Pero el hecho es que los tejidos más antiguos de la Ciudad
han perdido su confort y presentan una obsolescencia funcional que
los hace agresivos con sus habitantes; se da la paradoja que, en muchos
casos, lo que antaño fue centralidad, hoy es periferia, pues
este concepto sólo en su origen está ligado a la situación
geográfica; en el transcurso de la historia centralidad se
acaba ligando a la idea de preeminencia, de importancia, de supremacía
socioeconómica.
A mi modo de ver, la conservación hoy debe ser entendida como
un método de planificación del territorio y no como
un nuevo mantenimiento de ciertos valores de carácter histórico-artístico-cultural.
Por tanto, uno de los objetivos del Plan General, en su empeño
de entender toda la Ciudad, es reencontrar el conjunto de funciones
del centro histórico que permitan la apreciación colectiva
y social para poner en valor su capacidad de ser disfrutado por la
ciudadanía.
Dar vida a los antiguos tejidos de la Ciudad, renovar los estándares
tecnológicos del parque de viviendas, mantener la diversidad
funcional y mejorar el equipamiento, son las condiciones previas para
la defensa del patrimonio y no al revés, fijándolas
a priori desde un área de conocimiento que contempla un aspecto
parcial de la realidad. De nada sirve una morfología urbana
de rico pasado y bellas perspectivas si los edificios que la constituyen
están abandonados y sin habitantes, pues los postulados que
animan las demandas del hábitat contemporáneo se orientan
más hacia la cualidad ambiental, hacia la calidad de vida,
que a su simple cobertura física o restitución histórica.
Y de esta revitalización no podemos marginar la utopía
y la imaginación como materiales para construir los espacios
urbanos de nuestro tiempo, hecho éste que puede frustrar la
necesidad y el derecho irrenunciable del hombre de planear y edificar
bien su propia ciudad, desde la cultura del tiempo que le ha tocado
vivir.
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